18 de enero de 2019

Top 10: Grandes películas del 2018















Escoger las diez mejores películas de un año siempre será complicado, primero porque es casi imposible tener una visión global de todas las cintas que se estrenan en el mundo durante los 365 días inmediatamente anteriores, y porque siempre habrá detractores, puntos de vista diferentes, por lo que esto se basa netamente en preferencias.

En el 2018 llegaron grandes películas a la cartelera colombiana, algunas cuyo estreno original fue en el 2017, y a Cinema Redrum, que recopiló una muy buena cantidad de material nuevo en ese año, incluyendo filmes que llegaron a tiempo, gracias a Netflix.

Aquí tenemos un listado, totalmente subjetivo, obviamente, de las películas que más nos impresionaron el año pasado, e inspiraron con atributos como historia, efectos, estructura narrativa, interpretaciones o banda sonora.

10. Spiderman, un nuevo universo: Sin duda, la mejor película animada del 2018. Divertida, conmovedora, sorprendente. Miles Morales, el hombre araña de las nuevas generaciones, aprende que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, gracias a la interacción que tiene con sus pares de otros universos: un cerdo, un detective, una joven, una niña conectada a un robot y un Peter Parker viejo y gordo. La película combina diferentes estilos de animación y aprovecha elegantemente los elementos visuales de los comics. Muy merecido su Globo de Oro.

9. Un lugar en silencio: El director John Krasinski concibe un mundo postapocalíptico donde reina el mutismo, el peligro acecha y la vida humana se extingue. Angustiosa y emocionante, fue de lo mejor que nos dejó  el 2018 en materia de suspenso.

8. Pájaros de Verano: Con la llegada del capitalismo salvaje, una familia wayuu ve en el tráfico de drogas la oportunidad para progresar, pero en la cúspide del poder, la envidia, las traiciones y el amor la llevarán a una tragedia inevitable. En comparación con El abrazo de la serpiente, realizada por el mismo equipo de producción, tiene un ritmo más comercial, pero con una factura técnica de igual o superior calidad. Ojalá sea nominada a los Óscar, para que muchos más espectadores puedan disfrutarla. PD. Por favor, la próxima vez que la vean traten de descubrir los guiños a Cien Años de Soledad.

7. La balada de Buster Scruggs: Gracias, Netflix, por traer de vuelta a los hermanos Coen. Gracias, por estas seis historias del lejano oeste norteamericano unidas por el absurdo de la existencia, la fatalidad del destino y el drama de la soledad. Gracias, por recordar que la vida es trágicamente cómica.

6. Lady Bird: Un drama familiar, un drama femenino y con óptica femenina, gracias a la dirección de Greta Gerwig. Una cinta que mostró de cerca los conflictos entre madres e hijas, las revelaciones que da la independencia, y la seriedad que pueden tener este tipo de historias que alguna vez fueron catalogadas como 'adolescentes'.

5. La forma del agua: Un cuento de hadas donde la bella es una aseadora muda y la bestia no se transformará en príncipe. Una fábula de amor que conmueve y enternece, gracias a la mente, un poco retorcida y otro tanto gótica, del gran director mexicano Guillermo del Toro.

4. Una mujer fantástica: Llevó a la gran pantalla a una actriz transexual, para contar una historia de una mujer transexual. La llevó a los Oscar, y se llevó la estatuilla a Mejor Película Extranjera. Esta película chilena es transgresora, revolucionaria y necesaria.

3. El hilo fantasma: Paul Thomas Anderson mostró nuevamente su talento para crear personajes masculinos complejos, y Daniel Day Lewis, su habilidad para interpretarlos. Le faltó reconocimiento en las entregas de premios, mas no nominaciones, y aquí le damos el lugar que se merece.

2. Tres anuncios por un crimen: Quizás no tenga la fantástica dirección de La forma del agua, ni el impecable diseño de producción de Roma, pero tiene lo más importante en el desarrollo de una película un guion sólido, que no pretende dejar una moraleja, sino reflejar un momento, decir que la vida suele ser cruel, injusta, paradójica.

1. Roma: Es el retrato de una etapa de una vida, es el reflejo de una sociedad donde las clases sociales conviven, pero no se mezclan, donde las mujeres luchan y pierden. Es el atisbo de un pueblo reprimido a la fuerza. Muchos podrán sentirla aburrida, pero con el paso del tiempo será recordada. Es de una factura técnica impecable y contiene planos que serán objeto de estudio en las universidades. Odiada o amada, eso es Roma, la gran película de 2018. 

20 de diciembre de 2018

El recuerdo consciente



Cleo despierta a los niños con cantos, juegos y palabras dulces. Les da el desayuno, los despide en la puerta y los busca en el colegio. Lava la ropa, los platos, el piso. Recoge el desorden, obedece, soporta gritos y regaños. Con la familia para la que trabaja, ha aprendido a ser sumisa, pero feliz, y aunque la mayoría de veces parece invisible, es una de las partes indispensables de ese hogar que se derrumba.

Como un paseo por su memoria, Alfonso Cuarón presenta Roma, la película que consagra su carrera, y que revela las intimidades de una joven dedicada al servicio doméstico de una familia acomodada, en la Ciudad de México, en la década del 70.

Desde sus imágenes que se adentran en la cotidianidad de los oficios caseros, como el agua corriendo por los pisos de baldosa que están siendo lavados, la ropa extendida en las cuerdas de una terraza, los delantales y las escobas, la cinta lleva a su espectador por un nostálgico viaje en el tiempo, a los momentos en que presenciaba a madres y mujeres trabajando en pro de la limpieza.

Esto se combina con el encanto de su protagonista, que luce feliz, que tiene una vida más allá de lo que pueden ver sus patrones, y en el que se hace evidente la emoción de ser joven, de enamorarse y de descubrir, por lo que la película nunca se siente triste o pesada, sino que apasiona y genera una expectativa similar a la que se ve en los ojos de Cleo, interpretada de forma magistral por la actriz Yalitza Aparicio, quien ya ha sido reconocida por los Hollywood Film Awards.

Dichas escenas, que en su mayoría son exteriores, permiten también reconocer la belleza arquitectónica y cultural del Distrito Federal de la época, entre ellos sus lugares más representativos, como el teatro Metropolitan o el Centro Médico las Américas, lo que genera un sensación de estar recorriendo un álbum de fotos históricas en blanco y negro.

Lo mismo sucede en todas las locaciones, pues pareciera que Cuarón se propuso a narrar desde los espacios; todo el tiempo contextualiza, presenta los alrededores por los que transitan sus personajes, hace énfasis para que los espectadores vean más allá, sepan dónde están y se sientan parte de la escena.

Además, se nota que cada uno de sus encuadres fue rigurosamente planeado, ya que entregan perspectivas diferentes a las convencionales, con una luz que encaja perfectamente en todas las secuencias, y que termina dando como resultado un conjunto selecto de postales. Aquí hay que resaltar que el director también se encargó de la cinematografía.

En el caso del guion, el contexto histórico tiene relevancia en algunos hechos y elementos que se presentan, así como la carrera del director mexicano, a la que se le hicieron varios guiños, como es el caso de una película espacial, que podría estar muy ligada a Gravity, la cual le dio el Oscar a Mejor Director, en 2014.

Todos estos apartes técnicos sumados a las magníficas actuaciones del reparto, como Marina de Tavira, que interpreta a la señora de la casa que vive una crisis matrimonial, o Jorge Antonio Guerrero, que encarna a Fermín, el novio de Cleo, hacen de Roma un poema que transporta y que merece el reconocimiento que le han dado la crítica y los medios de comunicación. 

De igual manera, es una hazaña que esté disponible desde su estreno en la plataforma Netflix, ofreciendo al público la oportunidad de disfrutarla y de confrontarse con esos recuerdos de la niñez que, después de madurar en la memoria, adquieren un valor revelador.

13 de diciembre de 2018

La tradición que mató al misterio


Laura regresó a su pueblo, en España, para celebrar la boda de una de sus hermanas. Lo ha hecho con sus dos hijos: Diego, un pequeño de aproximadamente cinco años, e Irene, una adolescente vivaz que parece no temerle a nada. Durante ese reencuentro con su familia, sus costumbres y uno de sus primeros amores, el miedo la embargará al descubrir que su hija ha sido raptada sin piedad, y que para volver a verla deberá pagar el alto precio de quedarse sin secretos.

A modo de drama familiar, el director iraní Asghar Farhadi presenta Todos lo Saben, su primera película en español, que protagonizan la ya recurrente -e incluso hostigante- dupla conformada por Penélope Cruz y Javier Bardem, y el argentino Ricardo Darín.

Con esta propuesta, el director y guionista se esmeró en presentar la cultura familiar de los españoles, sus celebraciones bulliciosas y la cercanía que se vive en los pueblos pequeños, donde todos se conocen y tienen historias en común. Ese contexto tiene un nivel de protagonismo que casi logra quitarle relevancia a la historia central, ya que durante los 132 minutos de metraje siempre hay una conversación o un personaje nuevo, que termina saturando al espectador y truncando la comprensión de las situaciones.

También, se siente la ausencia de música en la cinta, hecho que contribuye a que los diálogos se tornen pesados y aburridos. Nunca hay un instante de transición, de silencio, sino que todo el tiempo sucede algo que advierte ser crucial, a pesar de que muchas escenas no logren concretarse.

Y es que tal vez, Farhadi pretendió mostrar lo que captó de la esencia de los españoles en el ritmo de su película, pero esto terminó siendo la gota rebosante de una copa de vino, que en lugar de provocar, embriaga desde sus primeros minutos.

Ni Penélope, ni Bardem logran salvar la cinta con la solidez de sus personajes, pese a su falta de profundidad. La ganadora del Óscar y la actriz Bárbara Lennie son las más sobresalientes de todo el reparto, y quienes le aportan dinamismo a la trama.

Por su parte, el papel de Darín es casi invisible, rayando en lo innecesario, con diálogos que dan leves pinceladas sobre el personaje, pero que nunca logran mostrar quién es.

Como aspecto positivo, la ambientación resulta muy atractiva, en especial por evocar todo el tiempo al pasado de los protagonistas. Nunca se genera la necesidad de caer en flashbacks, aunque se esté hablando de situaciones anteriores, y cada una de las locaciones es congruente con lo que se está contando.

Todos lo Saben es un mal intento de thriller, por la manera en que la abundancia de información ahoga la intriga, por el rumbo que se pierde en varias ocasiones y por lo predecible que termina siendo su historia. Por el contrario, su título es totalmente acertado, ya que al final, el espectador llega a la conclusión de que lo sabía, y al mirar a los lados se da cuenta de que todos también lo saben.

10 de diciembre de 2018

Del lejano oeste, de la realidad cercana


La vida suele ser cruel, cuando piensas que vas para un lado, que tus objetivos están por cumplirse y que estás recibiendo una pizca de felicidad, se encarga de demostrarte que nada es como parece; de nada sirve planificar, ella manda; no basta con hacer lo correcto, porque también tiende a ser injusta y otorgar a otros lo que a ti no; ella solo te puede garantizar algo: la muerte siempre estará acechándote, lista para llegar en el momento menos esperado… esa es la sensación que queda después de ver esta película. 

Se estrenó recientemente en Netflix, el último metraje de los hermanos Joel e Ethan Coen, una antología conformada por historias que transcurren en el viejo oeste norteamericano, sin conexión aparente, pero que tienen en común el absurdo de la existencia, la fatalidad del destino y el drama de la soledad. Se trata de La balada Buster Scruggs: seis relatos diferentes en tono, duración, estética y ritmo que, no obstante, se asemejan por una aura sombría y fatalista.

Jinetes solitarios, forajidos sin fortuna, mujeres indefensas, buscadores de oro, rebuscadores de feria, cazarrecompensas impíos hacen parte de la amplia gama de arquetipos utilizados por los Coen para dar vida a sus historia, las cuales pueden, en realidad, retratar la sociedad de cualquier parte del mundo; ya que, si bien no vivimos en esas tierras áridas y salvajes, no es raro encontrarse con bandidos, pistoleros a sueldo, arribistas y embusteros, que motivados por la codicia, la envidia o la soberbia tratan de pasar por encima de los demás; de ahí que parte de la crítica haya sido injusta con esta obra, calificándola como irregular, sin destacar que es un reflejo de la madurez de dos grandes directores, cuya filmografía ya nos ha dejado clásicos como El gran Lebowski o No es país para viejos, por solo mencionar a dos.

Hablar particularmente sobre cada cortometraje sería desvelar información importante para el desarrollo de las tramas, anticipar los desenlaces o dañar las sorpresas finales. Por lo tanto, se sugiere tener disposición para contemplar los paisajes, admirar el contraste de los escenarios, disfrutar la música incidental y gozar con los diálogos cargados de humor negro. También se recomienda estar atentos a la gran variedad de técnicas narrativas: desde el personaje que rompe la cuarta pared, hasta la historia que no necesita de diálogos para explicar el drama de sus protagonistas. 

En cuanto a las actuaciones, el elenco está conformado por grandes representantes de la industria de Hollywood como Tim Blake Nelson,  Tom Waits,  James Franco,  Liam Neeson,  Brendan Gleeson y Sam Dillon, todos se destacan y encajan perfectamente con un guion que se coronó como el mejor durante el pasado Festival de Cine de Venecia. 

Netflix pretendía que La balada Buster Scruggs fuera una miniserie, donde cada cortometraje iba a convertirse en un episodio, pero los Coen decidieron hacerla antología, sin rellenos, ni alargues innecesarios, ni próximas temporadas; con ello tal vez se perdió de una excelente serie, pero se ganó una gran película. 

27 de noviembre de 2018

22 de julio: Las secuelas del terror




Oslo, Noruega, viernes 22 de Julio de 2011. Son las 3:30 p.m. Las calles del centro de la ciudad están sumergidas en el caos: humo, sirenas, escombros. Un carro cargado con explosivos acaba de explotar frente al edificio donde tiene su oficina el primer ministro. En un radio aproximado de un kilómetro, los ventanales de las edificaciones están hechos añicos. Pronto el mundo conocerá que, además de los 209 heridos, hay ocho víctimas fatales. La confusión y la desesperación han desplazado la tranquilidad habitual en este país localizado en la península Escandinava, al norte de Europa. Sin embargo, es solo el señuelo, el preámbulo de un ataque coordinado, se aproxima lo peor.

Mientras las autoridades civiles tratan de esclarecer todo lo que está pasando, en el norte de Oslo, un policía navega hacia la isla de Utoya, donde se lleva a cabo un campamento juvenil político del Partido Laborista. Allí, cerca de seiscientas personas, la mayoría adolescentes, discuten sobre los problemas del mundo y plantean, desde sus perspectivas, las posibles soluciones. La noticia del atentado en el distrito de gobierno ya se ha filtrado y se percibe una tensa calma entre muchos de ellos, cuyos padres trabajan en el sector oficial. 

El policía desembarca e informa que fue designado para realizar un control rutinario y preventivo, pero cuando le es requerida su identificación responde con disparos. Acaba de asesinar a los encargados de la seguridad del campamento, ahora tiene vía libre para llevar a cabo su misión. Sin una pizca de duda, ejecuta una cacería macabra. De nada sirve huir, ni los pinos, que están por toda la isla, sirven para ocultarse, con el rifle tiene la precisión de un militar entrenado, y sin siquiera pensarlo remata a los heridos con pistola. Desesperados, los muchachos llaman a sus padres en Oslo, los medios se enteran y se despliega un operativo de la fuerza pública. 

78 minutos después de haber dado rienda suelta a su barbarie, el asesino se entrega al verse rodeado de agentes. En total, durante su recorrido por la isla asesinó a 77 personas.  No, no representa Al Qaeda, ni a ningún otro grupo terrorista islámico. Es  Anders Behring, un noruego de casi 30 años, que se autoproclama miembro del movimiento de la ultraderecha llamado los Caballeros Templarios, cuyo objetivo es combatir el multiculturalismo y sacar a los inmigrantes de Europa. En su detención pide específicamente que se le asigne a un abogado que, en el pasado, defendió a simpatizantes de ideas nazistas, y pone en alerta a las autoridades al afirmar que un tercer atentado está por presentarse. 

El apacible pueblo noruego tendrá entonces que descubrir si es cierto o no que se prepara un nuevo ataque y, al mismo tiempo, asimilar la responsabilidad de un hecho de tal magnitud, mientras facilita la reparación de los sobrevivientes de la masacre…

Así se resumen los primeros 30 minutos de la más reciente película del realizador inglés Paul Greengrass, llamada 22 de julio, nombre que hace referencia al evento terrorista ocurrido en el año 2011. No obstante, la cinta tiene una duración de 143 minutos, es decir, más allá de la masacre como tal, que está recreada de una manera magistral, la cinta se centra en el proceso legal contra el asesino y en las secuelas que trajo para la sociedad noruega. 

Greengrass, que en el pasado presentó películas de temática similar como Vuelo 93 y Capitán Phillips, con el manejo de cámara al hombro y una fotografía fría, logra que el espectador se sienta testigo directo de los hechos, obligándole, durante la primera media hora, a mantener la mirada fija para saber cómo va terminar el ataque. No se trata de una manipulación de la tragedia, ni de una sobreexposición a la violencia, no, el director sabe guardar la distancia, ser sobrio y conmover sin saturar la pantalla de sangre. 

Además, cuenta la historia desde diferentes puntos de vista: un joven  herido en Utoya, de cómo se enfrentó a su proceso de recuperación y a su propio victimario. El abogado que se ve obligado a defender profesionalmente algo con lo que no está de acuerdo moralmente, y el propio Anders Behring, que en manos del joven actor noruego Anders Danielsen Lie  transmite el odio y la frialdad de un hombre enceguecido por sus convicciones. 

Si bien, a partir del segundo acto, la película baja el ritmo, resulta necesario para comprender cómo se conciben estas expresiones de violencia en sociedades que han superado gran parte de los problemas que aquejan al tercer mundo. 

22 de julio se constituye en una buena alternativa para reflexionar sobre el momento que atraviesa la humanidad, sin caer en dramatismos excesivos, ni en sermones insoportables.