20 de diciembre de 2014

La gracia de la desgracia


Muchos deseos son imposibles de contener, como si dentro de nuestro cuerpo calmado, de nuestras palabras serenas, y de nuestra actitud paciente, se albergara una persona distinta, que cuando quiere algo lo reclama, sin importar las circunstancias, consecuencias o la situación en la que se encuentre.

Igualmente, dentro de cada uno, vive alguien que es capaz de reírse de las desgracias ajenas, de ver humor en la tragedia, en el peligro y en la vida complicada de quienes despiertan su sed de venganza, antes de abrir los ojos.

Y al final, existe otro tipo de mente, que es quizá la más escasa, pues su dueño tiene la capacidad de unir esos elementos perversos, y crear un guión que conquiste las salas de cine, sin la necesidad de recurrir a finales felices o a historias de superación.

Ese último individuo es Damián Szifron, el director argentino que de la mano de seis historias dramáticas, generó risas culpables y buenas críticas del público atraído por un título simple: Relatos Salvajes.

Ricardo Darín, Érica Rivas, Óscar Martínez y Diego Iturralde son algunos de los actores que se ven obligados a defender su orgullo, combatir la humillación y salirse con la suya, sin importar el método.

De esta manera, una personalidad conflictiva decidida a ser piloto; una cocinera con ingredientes secretos; una discusión de carretera; una señal de tránsito sin pintar; unas copas de más, y una infidelidad, detonan un tipo de irracionalidad nunca antes vista, merecedora de un boleto para el teatro Kodak en el 2015.

La cinta resalta el punto de vista del cine latinoamericano, respecto a esas tragedias absurdas que llegan de vez en cuando a los periódicos, en las que se incluyen elementos como veneno para ratas, alcohol en exceso y trabajadores que usan sus conocimientos para hacer daño.

Asimismo, responde a un tipo de comedia negra que sienta muy bien en cualquier horario, y que impresiona por la calidad de su guión y producción, y entusiasma con la evolución de la narrativa de habla hispana.

En cuanto a sus características técnicas, la escenografía de cada uno de los cortos enmarca a la Argentina moderna, y también al modelo de ciudad que prevalece en este lado del mundo, pues puede ser comparada con cualquier capital del continente.

La música se acopla a cada situación, complementando la experiencia de quien se adentra en las historias, y en los rostros que pierden la paciencia detrás de la pantalla.

Un coctel de emociones que como un brebaje adictivo, lleva al público al límite de su propia conciencia, lo enfrenta con la verdadera esencia del ser humano desesperado, y lo incita a saborear sin parar la crudeza der ser genuino y violento, a burlarse de los problemas ajenos, y a apreciar una propuesta que ya es todo un clásico del cine en español.