26 de agosto de 2016

La Era del Hielo 5













En su ya desesperante lucha por abrir su bellota, la ardilla prehistórica Scrat provoca accidentalmente que una nave extraterrestre desvié el curso de un asteroide hacia la Tierra. La devastación de toda la vida en el planeta es inminente hasta que Sid, Manny, Diego y el resto de la manada, motivados por su instinto de conservación, se dan a la tarea de impedir el cataclismo, para lograrlo contarán con la ayuda de Buck, una comadreja demente, que diseñará el plan para impedir la extinción masiva.

Han pasado ya 14 años desde que el estudio de animación Blue Sky presentó La Era del Hielo, una cinta muy entretenida que mostraba la travesía de un mamut, un tigre dientes de sable y un perezoso gigante por devolver a un bebé humano a su tribu.

Aquella película acertaba en la construcción de los personajes: Manny, el mamut, mantenía una gran amargura por la pérdida, a manos de cazadores, de su esposa y su hijo; Diego, el tigre, se debatía entre ser malo y ser bueno, y Sid, el perezoso, aportaba un lado divertido, por esa personalidad inocente que rayaba con la estupidez,  pero que se quedaba en la ternura. En aquella ocasión el relato contenía drama, traición y, hasta cierto punto, emocionaba, conmovía.

Sin embargo, con el pasar de cuatro secuelas, todo ello se ha desvirtuado. De la faz de la tierra han desaparecido los humanos y se han incrementado los miembros de la manada, provocando que los personajes se desvanezcan por el poco interés que se les da. Cada nueva entrega ha perdido en emoción y ha ganado en escenas de chistes fáciles, secuencias bobas y humor de pastelazo, que entretiene en el momento, pero las hace olvidables.

La Era del Hielo Choque de Mundos no es la excepción, aunque trata de mostrar un conflicto adicional, a partir de la relación entre Manny y su familia, este no trasciende, porque no es lo suficientemente interesante. 

Para ver esta película hay que ir al cine sin expectativas, sin esperar grandes transformaciones de los personajes o conmovedoras lecciones de vida, hay que acudir solo con el ánimo de pasar un rato en familia, con la intención de reír, a partir de un comentario tonto o de doble sentido de los osos perezosos, por la irreverencia de las zarigueyas, por la locura de Buck o porque ver torturar a la ardilla Scrat provoca cierto placer, de lo contrario es mejor abstenerse.