12 de enero de 2017

Fragmentos de amor



Y de repente, con una mirada, Susana, una escultora y profesora de natación, ya estaba atrapada en el deseo, en la lujuria de enamorarse, porque ahí, en ese contacto cuerpo a cuerpo, empezaba el amor. Sus anécdotas sexuales eran la llama que avivaba la pasión de Rodrigo, pianista y afinador, que parecía inspirado para amar y componer, después de escucharla.
Sin embargo, en sus momentos de soledad, el eco de esos relatos retumbaba como granadas, granadas y bombas que iban en su contra, como las del narcotráfico en Colombia. Su confianza en la mujer que amaba quedaba vuelta añicos y su deseo más firme parecía ser quitarle la máscara.
Esa es la historia de Fragmentos de Amor, la nueva película de coproducción colombiana y puertorriqueña que se encuentra en cartelera, y que es contada con voz seductora durante 100 minutos, en las pantallas grandes del país, desde el jueves pasado.
Angélica Blandón y el mexicano José Ángel Bichir protagonizan este relato, basado en la novela Fragmentos de Amor Furtivo, de Héctor Abad Faciolince, que se adentra en el recuento de amantes y experiencias que le hace una mujer a su novio, mientras que él se atormenta con los celos que le produce ese pasado.
Ambas actuaciones son poderosas, convincentes y llenas de sensualidad. Blandón es la diosa del erotismo, con sus palabras y movimientos conquista al espectador. Cada una de sus escenas de desnudo son justas y de buen gusto, ya que la atmósfera erótica de toda la trama no podría concebirse sin la presencia de piel. Por su parte, Bichir refleja en su mirada la desesperación de ser encantado y azotado por los cuentos de su amada. Tanto en la paranoia como en la tristeza y la furia hace un buen trabajo, que es complementado por la música de toda la película.
Y es que, al ser el instrumento que domina su protagonista, el piano tiene un lugar especial. El drama que se esconde en su sonido es hábilmente empleado por Randy Kerber, el compositor que ha participado en importantes películas de Hollywood y que ostenta una nominación al Oscar, en la categoría Mejor Banda Sonora, por El Color Púrpura.
Desde lo visual, Bogotá es retratada de manera encantadora. El centro de la ciudad, sus edificaciones y calles resaltan en las tomas diurnas y nocturnas, y son contrastadas con ataques violentos de la década del 90.
El contexto político de dicha época puede percibirse en el guión, aunque nunca es fundamental para la historia ni tiene mucho espacio en las escenas.
Los flashback si son un elemento primordial de esta propuesta, que dirige el uruguayo nacionalizado español Fernando Vallejo, pues con ellos, da vida al pasado de Susana, a su recorrido y madurez.
La primera escena resulta ser un flashforward, es decir un adelanto a los hechos que aún no se han contado, para después encaminarse por las situaciones que llevaron a ese momento, y llegar a de nuevo a ese punto, donde todo adquiere sentido.
Estos juegos con el tiempo son un muy buen recurso para que todo fluya de forma agradable, así como las referencias a literatura, a películas, a canciones y al propio Abad Faciolince que tiene un momento en escena.
Seguro, después de este debut, sus páginas merecerán relanzamiento, gracias a la narración atrapante en la pantalla, que provoca consultarla en papel, para conocer otros detalles de esos secretos carnales.

No obstante, la necesidad de ser fiel al libro otorga un final que redunda con la tragedia, cuando la carga dramática de un rompimiento, que parece ser suficiente para cortar y despedirse, es recargado con otro hecho irremediable, sin el tiempo suficiente para ahondar en él, y con la voz de una periodista conocida, como el último sonido antes de los créditos.
Fragmentos de amor es una gran apuesta del cine nacional por salir de la mojigatería con elegancia, por volcar al público hacia la lectura y por creer que un buen libro puede ser una buena película.