11 de enero de 2017

La Bruja de Blair



17 años después, James, hermano de Heather Donahue, una de las jóvenes desaparecidas durante la grabación del Proyecto de la Bruja de Blair, en un bosque de Maryland, Estados Unidos, va en busca del destino de su hermana, en compañía de tres de sus amigos, que están dispuestos a acampar y filmar sus aventuras para un trabajo cinematográfico. Sin embargo, desde su ingreso, fenómenos sobrenaturales empiezan a ocurrir, desvaneciendo poco a poco el escepticismo de sus protagonistas, para asustarlos de verdad y hacerlos correr para salvar sus vidas. De nuevo, el aviso que advierte que, esta vez, las memorias que contienen la historia fueron encontradas por un grupo de excursionistas, y que se desconoce el paradero de sus autores, es el primer acto de La Bruja de Blair, esta secuela de la exitosa película de 1999, que por un largo tiempo hizo creer a los espectadores que sus 3 personajes habían muerto en manos de una espeluznante bruja, en una casa encantada. Sin embargo, en esta ocasión, y después de descubrir la muy buena estrategia de marketing que llevó a su antecesora a ser la película más rentable de todos los tiempos, la advertencia no es convincente, ya que la mayoría del público entrará a la sala con la intención de revivir el terror genuino que sintió la primera vez. Desde el inicio, la cinta plantea la misma filmación amateur, pero con una cantidad de dispositivos de última tecnología, como un dron y cámaras que se adaptan al oído, para no ocupar las manos de sus usuarios. Así mismo se presenta la película, con una edición bastante elaborada, que no favorece la intención de hacer creer que los hechos son reales y que la información simplemente fue encontrada. En su primera noche en el bosque, la tensión logra aumentar en la pantalla, gracias al encuentro con la oscuridad y a ruidos siniestros que advierten que algo pasará y que dejan al público expectante y propenso a brincar de la silla cada vez que hay un movimiento repentino de la cámara. Los actores hacen un buen trabajo, al mostrar su paso de la incredulidad al temor, sensación que llega bien a los espectadores, aunque el filme mantenga su toque predecible. Las señales, como montones de piedras, y los símbolos de la bruja, una especie de cruz hecha con palos y ramas, que aparecieron en la versión original, vuelven a la pantalla. También se repiten algunas situaciones que, al ser conocidas, advierten que algo malo está por ocurrir. Entre esas se encuentran las huidas en el bosque, con una cámara subjetiva que en la película pionera es recordada por marear al público, así como las caminatas en círculos y la pérdida de la noción del tiempo por parte de algunos de los expedicionarios. No obstante, cuando en la trama ya está claro que la leyenda sí es cierta, y los personajes corren por sus vidas, la película no genera tanto miedo, dando lugar a la búsqueda de apariciones de la bruja en toda la pantalla, a suposiciones sobre qué pasará y a comentarios en la sala sobre las diversas opciones para salir de ese embrollo. Una de las escenas que consigue impactar es la de una desagradable herida, que parece estar relacionada con la mala suerte de los jóvenes, pero que unos minutos después deja de ser relevante para la historia. También se destaca el momento en que una de las protagonistas trata de escapar por un estrecho túnel subterráneo y queda atrapada. Allí, el plano cerrado fue fundamental para generar la sensación de claustrofobia en el auditorio. Sin duda, uno de los instantes más tensionantes de los casi 90 minutos. Para el tramo final, la producción no escatimó detalles en recrear la casa que terminó siendo la última morada de los aventureros de finales de la década del 90. El desgaste de la madera, los espacios húmedos y oscuros, y los sonidos que salen del piso, puertas y paredes, mantienen la esencia de la anterior. Ese escenario tétrico y lleno de misterio ante cada movimiento, en especial por ser el aviso de que el último zarpazo está por llegar, es opacado por la recreación de situaciones que, como en el resto de la cinta, ya se habían visto antes. Sin que sea un mal intento por asustar, La Bruja de Blair o Blair Witch, su título original, se entierra a sí misma el puñal de lo previsible, al hacer un ‘homenaje’ tan ceñido a lo sucedido en la primera parte, y al enfocarse en un guion tan cercano a esta, que provoca una serie de flashbacks constantes en el imaginario de quienes la ven. Para las nuevas generaciones, en especial, los que no han tenido relación alguna con The Blair Witch Project, esta será una experiencia positiva con el cine de terror. Esa premisa no significa que en la cultura popular se propagará una leyenda, debido a que el género al que apela, conocido como found footage o cinta encontrada, ya es constantemente empleado por sagas tan famosas como Actividad Paranormal. Seguramente, la cinta sí abrirá el camino para que ‘el proyecto’ sea revisado, para que su tensión sea retomada, y para que los espectadores más jóvenes den un veredicto sobre cuál de las dos películas es la más convincente.