11 de enero de 2017

Los 7 magníficos



En 1954 el director japonés Akira Kurosawa filmó Los 7 samuráis, una de las grandes obras de la cinematografía universal. Esta historia, ambientada en el Japón del siglo XVI, mostraba como un grupo de campesinos, cansados de ser asaltados por una horda de bandidos, deciden buscar a samuráis que luchen por ellos a cambio de comida.
Con una excelente interpretación del icónico Toshirō Mifune y el perfeccionismo tras la cámara del maestro Kurosawa, rápidamente la obra trascendió las fronteras del ‘país del sol naciente’, y cautivó a millones en el mundo.
Años más tarde, por esa manía ‘ancestral’ de Hollywood de adaptar a la cultura estadounidense las películas filmadas en otras latitudes, la compañía Metro-Goldwyn Mayer compró los derechos de Los 7 Samuráis y le entregó al guionista William S. Roberts y al director John Sturges la responsabilidad de realizar una nueva versión.
Seis años después de la original, en 1960, fue presentada al mundo Los 7 Magníficos. Esta vez, la acción transcurría en el salvaje oeste norteamericano, donde un pueblo mexicano de agricultores, cansados de pagarle tributo a un grupo de forajidos, que amenazaban con destruir sus cosechas, contratan a siete pistoleros, de habilidades únicas para que los defiendan.
De inmediato, la cinta fue aclamada por la crítica y por el público, el cual vibraba con un reparto inigualable, liderado por las grandes estrellas del momento: Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn, entre otros.
Igual que sucedió con la original japonesa, Los 7 Magníficos se convirtió en un referente para los wéstern subsiguientes, dio origen a varias secuelas, a una serie de televisión y hasta Pixar, muchos años después, se basó en ella para contar esa gran aventura en miniatura llamada Bichos.
De aquella película, también se inmortalizó la banda sonora compuesta por Elmer Bernstein, una melodía inconfundible que, sin importar dónde se esté, siempre va remitir a los escenarios míticos del lejano oeste: la imagen de un grupo de jinetes cabalgando en medio de tierras áridas, vistos a contra luz en un plano general, mientras el sol cae en el horizonte. Quienes lean este comentario en internet pueden disfrutarla en el siguiente enlace: www.youtube.com/watch?v=yulmgTcGLZw.
Hoy por hoy, en pleno 2016, gracias a esa necesidad reciente de Hollywood de rehacer sus grandes clásicos debido a la carencia de inspiración de sus guionistas, el director Antoine Fuqua, recordado por la cinta de acción Día de Entrenamiento, presenta una nueva versión de Los 7 Magníficos, pero ¿realmente hace honor a sus predecesoras?
La premisa es la misma. Un pueblo de campesinos (ya no mexicanos), llamado Rose Creek es aterrorizado por el terrateniente Bartholomew Bogue, un sujeto despiadado que quiere apoderarse de sus tierras a cambio de centavos y así tener acceso a las grandes minas de oro de la zona.
Cuando Bogue quema la iglesia y asesina a sangre fría a dos líderes del pueblo, provoca que una de las viudas salga en busca de pistoleros que salven a la comunidad. Rápidamente encuentra a Sam Chisolm quien acepta el trabajo y se da a la tarea de reunir al grupo que será capaz de enfrentar a todo un ejército enemigo.
Pronto la lucha por defender al pueblo pasa de ser un asunto de dinero a uno de dignidad, pues es tal la inferioridad, que todo hace prever que en el enfrentamiento no quedará otro camino más allá del sacrificio y la muerte.
Entretenida, nada más La película dura 2 horas y 8 minutos, pero desde la secuencia inicial se centra en el conflicto principal, lo que le imprime un muy buen ritmo, que no permitirá que el espectador baje la guardia hasta el final del metraje.
Las secuencias de acción son muy bien logradas, homenajeando en cada plano los clásicos del subgénero. Los paisajes y los escenarios logran transportar al siglo XVIII y a la rudeza de aquellos días en los que prevalecía la ley del más fuerte. Todo esto la hace una película entretenida, disfrutable, pero no más. Seguramente muchos la olvidarán y no trascenderá en los anaqueles de la historia como sí lo harán las originales.
Existen varias razones para afirmarlo. Primero, aunque el título de la cinta habla de siete magníficos, la verdad es que la trama se centra solo en tres, Chisolm, que como siempre cuenta con una acertada interpretación de Denzel Washington; Josh Faraday, con el carismático y siempre agradable Chris Pratt, y Goodnight Robicheaux, interpretado por Ethan Hawke.
Los demás son convidados de piedra, están para que la cinta sea políticamente correcta. Vincent D´Onofrio, como Jack Home (un gordo divertido); el coreano Byung-Hun Lee como Billy Rocks (un oriental frío y hábil con los cuchillos); Manuel García Rulfo como Vásquez (un mexicano bandido que huye de la justicia), y Martin Sensmeier como Red Harvest, (un aborigen de arco y flecha que no habla inglés).
En segundo lugar, las motivaciones del villano no tienen ningún de tipo de profundidad, es malo simplemente por el hecho de ser malo, lo que hace que no se sienta como una verdadera amenaza, es plano, está mal construido, constituyéndose como la principal debilidad de la película.
Por último, aunque los personajes principales están muy bien interpretados, no generan identificación alguna, ni siquiera la revelación final llega a conmover, queda como algo encajado a la fuerza en el desenvolvimiento de los hechos.
Esto no quiere decir que sea una mala película, sino que pudo haber sido mejor. Que pudo haber sido magnífica.