11 de enero de 2017

Siempreviva



En una gota de rocío cabe el universo entero. Esa puede ser una alegoría para definir lo que logró el director caleño Klych López, con su película Siempreviva. Con un puñado de actores, un solo escenario y un plano secuencia, en 111 minutos de metraje captó una postal de la miseria que vive la clase media colombiana, y la enmarcó en el holocausto del Palacio de Justicia, ocurrido el 6 de noviembre de 1985.
La historia transcurre en un inquilinato en el centro de Bogotá. En una vieja casa del corazón histórico de la capital vive la familia propietaria: Lucía, la mamá, y sus 2 hijos, Humberto y Julieta. El primero es un sujeto sin oficio, que está esperanzado en arreglar una moto para salir a trabajar, y la segunda acaba de terminar sus estudios de Derecho, pero ante las afugias económicas ha aceptado un trabajo como cajera de la cafetería del Palacio de Justicia, que está a pocas cuadras de esta residencia.
Entre los inquilinos está la pareja conformada por Vicky y Sergio, ella es una mujer sometida, sumisa, que a fuerza de gritos e improperios, aprendió a resistir en aras de proteger el espejismo del amor. Él se rebusca como payaso en el día y como mesero en las noches, pero no ha generado algo más allá que tristeza y lástima. Ya tiene varios meses de retraso en las cuentas y está esperanzado en la venta de unas tierras, que tiene como herencia en el próspero municipio de Armero, en el Tolima.
Finalmente está Carlos, un hombre mayor, solo, callado. Propietario de una casa de empeño, que funciona en la misma vivienda. Es un agiotista de marca mayor que tiene a su favor la hipoteca de la casa y carece de escrúpulos para quedarse con cuanto peso se consigue la familia.
La convivencia día a día de personalidades tan disímiles genera roces permanentes, discusiones acaloradas y va desvelando los instintos más bajo del ser humano: la deshonestidad, la misoginia, la vanidad.
Cada día que transcurre en la casa es un paso más cerca de la tragedia, pues quien conoce la historia reciente del país, entiende que el destino de Julieta es desaparecer en medio de la retoma del Palacio, hecho que une a los inquilinos, en pro de saber la verdad, la cual nunca encontrarán.
A partir de ese momento la historia se torna más desgarradora, perturbadora, poco a poco, como le ha pasado al país en más de 3 décadas, irán perdiendo las ganas de luchar, y muy en el fondo quedará viva la esperanza.

Actuaciones memorables
La técnica del plano secuencia, utilizada por el director para contar la historia, resalta la calidad actoral del elenco. Hay personajes que por la gran interpretación se ganan el odio y el repudio del espectador. Mención especial para Andrés Parra, como el payaso, y para Enrique Carriazo, quien interpreta al agiotista. Los demás no desentonan, pero están en un escalón más abajo. La más galardonada
En la pasada ceremonia a lo mejor del cine nacional de los premios Macondo Siempreviva fue la película más galardonada, con estatuillas a Mejor Vestuario, Mejor Dirección de Arte y Mejor Actor de Reparto (Enrique Carriazo).