10 de enero de 2017

Tarzán, el superhéroe



La trama es simple. Luego de unos años de haber abandonado la jungla, Tarzán, ahora conocido como John Cleyton III, es delegado por el parlamento inglés para realizar una misión diplomática en el Congo, pero en cuanto toca suelo africano se percata de una conspiración en la que él es el objetivo principal.

Cuando su esposa, Jane, es raptada por los conspiradores, libera al ‘hombre mono’ que lleva dentro, para demostrar porqué entre las tribus, que habitan el corazón de la selva africana, existe la leyenda de un simio de raza blanca capaz de saltar desde las copas de los árboles, viajar por la jungla columpiándose en lianas y vencer a cualquier bestia salvaje, incluso al ‘hombre civilizado’.
El director David Yates, conocido por dirigir varias de las partes de Harry Potter, acierta al retratar muy bien la belleza de los parajes africanos, praderas, ríos, selvas. Aunque los animales carecen de la calidad técnica de películas recientes como El Libro de la Selva, sí tienen un gran atractivo visual y resultan un poco más oscuros, agrestes quizás.
Es de destacar los cuatro roles principales, Alexander Skarsgard como Tarzán representa muy bien al hombre salvaje encerrado entre las acartonadas costumbres inglesas de la era victoriana. El personaje conserva cierta inocencia de los días en que vivió entre simios, que ayuda para que el espectador se identifique con él. No obstante, la superioridad física que demuestra a la hora de los combates hace recordar más a un superhéroe de Marvel que al personaje clásico de Edgar Rice Borrughs.
Margot Robbie como Jane resulta dulce e indomable al mismo tiempo. Samuel L. Jackson como John Washintong aporta la parte divertida, se disfruta mucho su tiempo en pantalla, en especial por esa costumbre de atreverse a hacer, lo que segundos antes había dicho que no haría.

Christoph Waltz, el villano, transmite la frialdad del despiadado, aunque no trasciende, promete pero no cumple.
En general, La Leyenda de Tarzán es una cinta entretenida, que de entrada gana por mostrar un punto de vista diferente del personaje, pero que pierde al exagerarlo un poco.