4 de marzo de 2018

3 anuncios por un crimen


Mildred Hayes, una mujer de más de 50 años, está enojada con la Policía del pequeño pueblo de Ebbing (Missouri), porque después de 10 meses del brutal asesinato de su hija, aún no ha detenido a ningún sospechoso, y las investigaciones no han dado resultado. Está enojada con su exesposo porque la abandonó para meterse con una jovencita hueca. Está enojada con el pueblo entero que no entiende el remordimiento que debe cargar tras haberle deseado un destino fatal a su hija, pero, sobre todo, está enojada consigo misma, porque muy en el fondo sabe que más allá de que se encuentre al culpable, la justicia será solo una ilusión, tendrá que aprender a convivir con el dolor como algo inherente al existir, al fin y al cabo, la vida continúa.

Tres anuncios por un crimen es una tragicomedia escrita y dirigida por Martin McDonagh, que inicia cuando Mildred Hayes (Frances McDormand) decide pronunciarse frente a la supuesta ineptitud policial, instalando tres vallas publicitarias en un paraje olvidado de la carretera más desolada, que, no obstante, terminan impactando la aparente vida apacible de los lugareños.

Por un lado, el apreciado jefe de la Policía, Willoughby (Woody Harrelson), quien afronta su propia tragedia personal, tiene que lidiar con la rabia de sus colaboradores, que se ven ofendidos con los carteles. Además debe aceptar que no hay posibilidad alguna de encontrar al asesino. Según sus palabras, “la mitad de los hombres del país, podrían estar relacionados”.

El más ofendido es el agente Dixon, encarnado por Sam Rockwell, sobre el cual pesan acusaciones de racismo y brutalidad policial. Un sujeto que parece ser capaz de cualquier cosa con tal de tumbar los carteles, pero Mildred se opondrá cueste lo que cueste.

La cinta se soporta en la construcción de estos tres personajes, que son profundos, tridimensionales, reales. No son buenos ni malos, simplemente son seres humanos con matices: que dudan, se equivocan, y, a veces, aciertan. Pero esto no sería posible si los tres intérpretes no dieran la talla, especialmente McDormand y Rockwell, ambos brindan una actuación sublime que los encarrilará camino al Oscar.

Quizás, Tres Anuncios por un crimen no tenga la fantástica dirección de La forma del agua, ni el impecable diseño de producción de Dunkerque, pero tiene lo más importante en el desarrollo de una película un guion sólido, que no pretende dejar una moraleja, sino reflejar un momento, decir que la vida suele ser cruel, injusta, paradójica.

Tres anuncios por un crimen es una cinta incómoda, porque critica a la vida estadounidense desde la discriminación que mantiene en el subtexto, hasta la violencia y el abuso que están presentes todo el tiempo. De pronto esta sea su única debilidad para la ceremonia, que se llevará a cabo esta noche, porque, a pesar del resarcimiento de los personajes, en ella persiste la inconformidad y la rabia.