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Una pelea desde el sofá II, la venganza





Quizás Edward Norton solo haya sido nominado una vez para el premio Oscar, en la categoría de mejor actor de reparto y en un papel que ya pocos recuerdan, sin embargo, considero que es el actor más apropiado para enfrentarse en este duelo de sofá, talento e interpretación, ante el Dicky Ward que Christian Bale encarna en The Fighter.

Y para ese reto, que mejor que seleccionar a una de las actuaciones más brillantes de su carrera: el neonazi californiano del maravilloso largometraje American History X.

La cinta narra un episodio de la vida del ‘skinhead’ Derek Vinyard, un hombre que acaba de salir de la cárcel, luego de purgar una condena de tres años, por haber asesinado a dos afroamericanos que intentaban robarle el auto; pero no sale para retomar su camino, sino para evitar que su hermano menor, de apenas 14 años, imite sus pasos y perpetúe la espiral de violencia, iniciada años atrás por el padre.

En ese trasegar, Derek se enfrenta a la intolerancia de su mentor y de sus amigos, trata de recuperar los lazos rotos con su familia y desvela las verdaderas razones de su transformación.

A pesar de que la trama central de la historia transcurre en menos de 24 horas, el director acude a la técnica del flashback para mostrar la traumática experiencia que motivó el cambio y, de una manera desgarradora, logra ubicar al espectador en el puesto del hermano menor, quien tiene la misión de entender a Derek para cumplir con una tarea escolar. 

En los 118 minutos, Norton carga con el peso dramático de la película, desde el momento en que asesina con sevicia a los ladrones, y luego, desafiante, sin arrepentimientos, se entrega a la Policía abriendo los brazos porque está convencido de que acaba de cumplir con la misión que le fue encomendada.

No obstante, en la cárcel, ese ángel exterminador se enfrenta a su propio delirio y comprende que la lucha racista no tiene sentido en un lugar donde la sobrevivencia es lo único importante.

Norton convence al espectador de las emociones que chocan en el interior del personaje, evidencia la decepción frente a su credo errado y esa necesidad de redención con el rescate de su hermano. 

Pero la cinta no es esperanzadora, el esfuerzo de Derek resulta infructuoso y, gracias a la excelente interpretación y a una muy buena puesta en escena, al final el pecho del espectador termina acelerado y en la atmósfera queda rondado una sensación de vacío respecto a la vida, un sentimiento de que, pase lo que pase, como especie estamos perdidos, pues a pesar de las miles de lecciones seguimos cometiendo los mismos errores.

Edward Norton no será el boxeador de The Fighter pero creo que con esto tiene argumentos suficientes para dejar fuera de combate a Christian Bale.

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