11 de julio de 2016

Carol, el nombre de un romance prohibido

 En la época de Navidad de 1952, dos mujeres cruzan sus miradas en un almacén por departamentos. En el ambiente prima una química misteriosa, que lleva a que ninguna evada a la otra, como si desde siempre se hubieran conocido, como si el destino las hubiera signado para adentrarse en un universo de detalles sutiles y pasiones prohibidas.

Todd Haynes, el director estadounidense, es el ojo detrás del lente que presenta esta historia, en la película Carol, de 2015. Desde el inicio, su dirección se encarga de retratar una relación tabú, ubicando la cámara en la distancia para darle a los espectadores el rol de espías, que siguen con su mirada fisgona la privacidad de dos mujeres sugerentes.

A través de vitrinas, ventanas y detrás de otros elementos del paisaje, son narradas las situaciones más íntimas de los personajes, en el que dos etapas de la vida femenina se cruzan.

Cate Blanchett, ganadora de dos Oscar, y Rooney Mara, nominada en dos ocasiones a los Premios de la Academia, son las protagonistas de la cinta. Ambas logran magníficas interpretaciones, pues consiguen transmitir fielmente las emociones por las que transitan las protagonistas.

Blanchett interpreta a Carol, una mujer madura, sin temores de mostrarse como es y con total conciencia de su sexualidad. Por su parte, Mara es Therese, la joven que se descubre ante el juego seductor, demostrando el temor de probar algo nuevo, pero sin ninguna duda de tomar el riesgo.

El panorama familiar de Carol expone a un esposo frustrado en la tarea de reconquistar a su esposa, que sufre por no ser amado y que prefiere irse por el camino de la manipulación, fulminando su confianza como madre.

El machismo de la época se hace presente en varios detalles, en especial, cuando las decisiones de las mujeres se ven minimizadas por las de sus parejas, llevándolas a imponerse, a pesar del juzgamiento al que están expuestas.

La historia, basada en la novela homónima de Patricia Highsmith, muestra fielmente la época de los 50’, el diseño de producción  acierta, al poner el contexto social de este enamoramiento que se desarrolla sin que nada se salga de la cotidianidad. Solo son dos  cómplices que hablan de sus vidas.

Los detalles de la escenografía son seductores, agregan belleza a cada minuto de la película, terminando en un cóctel conmovedor de drama y romance, con encanto visual, que nunca es exagerado, que atrae y convence, en cada parpadeo.


Durante 118 minutos, el relato fluye con facilidad, es contemplativo pero no lento, es sólido, pero no aburre es contundente, pero no previsible, todo ello hace de Carol una gran película, quizás la mejor que ha llegado este año a la cartelera nacional.