4 de julio de 2019

Toy Story 4, un nuevo comienzo



Pixar nos engañó, después del final de Toy Story 3, nadie esperaba una cuarta parte de la saga. La historia del vaquero Woody y sus amigos había sido divertida, triste y nostálgica; luego de más de 15 años, daba la impresión que habían conseguido un cierre redondo a partir de la aparición de Bonnie, como la nueva propietaria de los juguetes, y de la conmovedora despedida de Andy.

Pero cuando pensábamos que las aventuras de los juguetes habían finalizado, nueve años después, la casa productora nos presenta un nuevo capìtulo que, sin desprenderse totalmente de sus predecesores, da un giro inesperado a la franquicia y abre la puerta para un universo más grande que, incluso, podríamos llegar a ver en una futura serie. 

Nos engañó, además, porque esta historia es mucho mejor de lo que prometían los avances, es divertida, emocionante y, por momentos, aterradora.

De qué trata


En su primer día de guardería, Bonnie crea con restos de basura a Forky, el cual se convierte en su juguete favorito. Pero él no quiere ser parte de la vida de la niña, ni siquiera le importa. Woody, como el líder que siempre fue, se dará a la misión de enseñarle por qué es importante ser un juguete en la vida de un niño, pero cuando Forky huye, una vieja amiga del vaquero le dará una lección sobre el propósito que cada quien tiene en este mundo.


Lo positivo


Los guionistas demostraron el gran respeto que tienen por los personajes, tres películas dan un soporte suficiente, para que durante la secuencia inicial más de un espectador vuelva a percibir un frío en el corazón y sienta ganas de llorar. Si bien la historia se centra exclusivamente sobre Woody, las intervenciones secundarias de Buzz, Jessie, Rex, Hamm y los demás  suelen ser muy divertidas y aportan al desarrollo de la trama.

Segundo, la historia. Sin arruinarle la cinta a nadie, es necesario resaltar que los giros de tuerca planteados se distancian de la fórmula de las otras secuelas, aunque son acordes con la evolución misma de los acontecimientos. Esto es bueno, porque lleva a que el espectador se sienta identificado, ya que con el paso de los años, todos cambiamos la manera de percibir el mundo.
Tercero, los nuevos personajes. Tanto los villanos, que son espantosos, y las incorporaciones de dos peluches dementes y un acróbata frustrado resultan muy divertidos. En cada escena que aparecen se roban la atención y provocan muchas risas, incluso durante los créditos finales. 

Cuarto, la animación. Es impresionante el nivel de fidelidad en los acabados. El detalle en las texturas lleva a más de uno fantasear con poder tocar a cada uno de los protagonistas.
Una mención honorífica para la banda sonora, sin ella, las dos secuencias más tristes de la historia perderían mucho peso.

Lo negativo


Prácticamente nada. Algunos detractores dirán que es una cinta innecesaria, que ya se había cumplido un ciclo con los personajes, pero Pixar demostró que aún tiene mucho para dar. 

A duras penas se puede mencionar que es una historia más para adultos que para niños. Aunque muchos pequeños se verán atraídos por los juguetes, la calidad de la animación y una que otra secuencia, Toy Story vive de la nostalgia, porque aquellos que crecieron viendo las tres partes anteriores se identificarán más con la aventura y valorarán más la transformación de los personajes. A pesar de ello, esta secuela es una gran excusa para ir a cine en familia.

25 de junio de 2019

Una gran historia en la ‘pantalla chica’



Big little lies estrenó recientemente su segunda temporada, a nivel mundial. La que fuera anunciada como una miniserie en 2017, tuvo tanto éxito en su primera entrega, que parecía injusto con el público no darle un poco más de ese drama, combinado con historia policial, protagonizado por dos ganadoras del premio Oscar, Reese Witherspoon y Nicole Kidman, y por la joven actriz Shailene Woodley.

Y es que desde su primer capítulo, la serie de HBO atrapa con su historia, en la que se muestra, en paralelo, la unión entre tres madres de niños que asisten juntos a primer grado, en un prestante pueblo californiano, y las declaraciones de un grupo de personas anónimas, acerca de un asesinato sucedido en un futuro cercano al primer encuentro de estas tres mujeres, y en el que estas parecen estar involucradas.

Como si fuera la recolección de pistas para conocer quién es el muerto y quiénes los responsables del crimen, la serie presenta a sus personajes a profundidad, ya que cada uno está perfectamente definido, así como su entorno, alegrías y penurias previas al crimen. Allí vale la pena destacar a Liane Moriarty, autora del libro en el que está basada la serie, y a su creador y productor David E. Kelley, quien lo adaptó para la televisión.

Por su parte, el elenco realiza una ejecución espectacular, pues consigue conmover, levantas chispas, odios y amores con su contundencia. Temas como la maternidad, el matrimonio, el divorcio y ciertas rivalidades femeninas son abordadas de una manera que luce honesta, sin ningún adorno o pretensión de encasillar a los personajes en roles o bandos, lo que mantiene vivo el misterio, al menos durante toda la primera temporada, impidiendo que se revelen verdades antes de tiempo.

De esta manera, el ritmo de la historia conecta rápidamente con el espectador que, al reconocer las motivaciones, miedos y furias de los personajes, empieza a hacer apuestas sobre esa muerte anunciada, suponer qué pasará y quiénes serán los implicados, mientras los capítulos se acercan a la hora cero.

Por su primera temporada, la producción recibió grandes reconocimientos, como el Globo de Oro y el Emmy a Mejor Miniserie o Película para la Televisión, así como los galardones para Nicole Kidman y el actor Alexander Skarsgård.

Una segunda temporada de apellido Streep


No se puede negar, cuando en los avances de la segunda temporada, se dio a conocer que Meryl Streep se uniría al elenco, la expectativa se incrementó. El primer capítulo fue estrenado el pasado 9 de junio, y muchos ya aseguran que la actriz más nominada al premio de la Academia recibirá un Emmy.


Además, el curso de la historia ya promete superar su primer round y atrapar al público, que si aún no conoce la serie y desea emprender la travesía, podrá ponerse al día en tiempo récord, gracias a su número no excesivo de capítulos, a que su segunda temporada apenas comienza, y a que seguro quedará atrapado, sin importar si es un ‘debora series’ o si solo las ve de vez en cuando.

11 de junio de 2019

Elton John según Elton John



Consciente o inconscientemente tendemos a organizar los recuerdos para que nos favorezcan, seleccionamos los acontecimientos, encasillamos a las personas, exaltamos cualidades, minimizamos defectos, buscamos explicaciones para darle sentido a la vida, a lo mejor, como decía García Márquez se trata de un artificio de la memoria del corazón para poder sobrellevar el pesado. Es por ello que Rocketman, la nueva cinta biográfica sobre Elton John, se aparta de los convencionalismos, se atreve valientemente a dar una visión de los hechos, sin caer en autocomplacencias e hipocresías que lleven al espectador a pensar que el protagonista es un mártir que se redime en el último momento, y esto resulta aún más destacable, porque es el propio cantante quien, al ser el productor ejecutivo, aporta el enfoque de cada acontecimiento.

Rocketman se limita solo a la primera etapa de la vida artística del cantautor, desde que un niño tímido, ignorado y rechazado llamado Reginald Dwight descubre su talento innato para el piano, hasta que la fama consume en un festín de drogas, sexo, alcohol y excentricidades a un solitario Elton John. Sin ceñirse al curso real de los sucesos, el director Dexter Fletcher consigue involucrarnos en las batallas internas del protagonista: el dolor, la inseguridad, las dudas sobre su preferencia sexual, y nos provoca un mar de sensaciones cuando utiliza las canciones del autor como brújula para dar con los hechos que influyeron en su autoconocimiento.

Pero no se trata de una película triste, ni mucho menos, ni tampoco de hacer quedar bien a Elton, desde la primera secuencia el personaje se declara un adicto a todo: a las drogas, al alcohol, al sexo y a las compras, mientras que, por el final, si bien ha aprendido aceptarse sin caer en el sórdido mundo de la adicción, no se arrepiente de nada, porque ese lado también contribuyó a descubrir su versión más imperfecta, más humana.

Taron Egerton, como Elton, merece una mención especial porque más allá de la caracterización, captó la esencia del personaje, sin caer en el ridículo a la hora de utilizar el vestuario extravagante, supo entender que no era una burla ni una caricaturización del artista, sino una contundente puesta en escena, un grito de identidad.

Por supuesto, la música también juega un papel preponderante, no solo porque la mayoría de canciones dan ritmo y fuerza a las secuencias, sino por las fantásticas coreografías, los bailes que enarbolan las banderas del musical clásico, lo cual se agradece.

La cinta no es perfecta, quizás se extiende más de lo debido, en los 121 minutos hay momentos de relleno que distraen la atención de lo verdaderamente preponderante. Así mismo, en algunos casos el maquillaje de los personajes secundarios se ve falso e inadecuado. No obstante, sería una contradicción seguir dando detalles de esa índole, es mejor aprender a aceptarla tal cual es y, de seguro se podrá disfrutar mucho más y mejor.

Por último, cabe aclarar que desde esa visión extravagante de la vida que siempre demostró Elton, el director utilizó al musical como herramienta narrativa, lo cual puede ahuyentar a los que no son fanáticos del género, pero aquellos que se dejen llevar por la historia y acepten sus reglas obtendrán como recompensa el haber visto una de las mejores películas del año. 

11 de mayo de 2019

Llámame por tu nombre






Es el verano de 1984, en algún lugar de la campiña italiana, Elio, un adolescente de 17 años, descubre el amor. Contrario a lo que podría imaginar, no se siente bien, le molesta, le incomoda y le enfada; no termina de aceptar que esté consumido por el deseo hacia Oliver, un hombre 14 años mayor que él.

Así se resume el inicio de Call me by your name o Llámame por tu nombre, una película del año 2017 dirigida por el italiano Luca Guadagnino, que, con una puesta en escena impecable cargada de simbolismos, repleta de sutilezas y un ambiente de ensueño, lleva a los espectadores a ser testigos del primer amor, de cómo Elio descubre su identidad y aquello que se convertirá en lo más importante de su vida.

El largometraje es una oda a la belleza, con un estilo refinado, el director aprovecha todo el encanto de la villa italiana: los caminos empedrados, las praderas de verdes resplandecientes y los árboles en plena cosecha para provocar una sensación onírica que  se remarca en el preciosismo de la música, piezas llenas de melancolía, que hacen recordar el dolor de la primera decepción.

Para destacar, las maravillosas actuaciones de Timothée Chalamet, en el papel de Elio, que sin mediar palabras consigue conmover con el descontrol interior que vive al tratar de ponerle freno a su sentimiento, y de Armie Hammer (Oliver), que demuestra el conflicto que vive su personaje al lidiar con la pasión, mientras trabaja junto al padre del muchacho y se hospeda en la casa de la familia.

Basada en la novela homónima, autoría del escritor estadounidense André Aciman, la película evita caer en los típicos conflictos de las relaciones homosexuales: no hay discriminación, no hay golpizas, ni señalamientos, por el contrario, los protagonistas están en una vida que raya con la perfección: son cultos, pasan sus tardes leyendo en varios idiomas, desayunan al aire libre, mientras disfrutan de toda clase de frutas, pasean en bicicleta y nadan en albercas naturales.

Call me by your name es precisamente eso, un homenaje a la buena vida, al amor, con sus matices y dificultades, de ahí que cualquier espectador pueda sentirse identificado, porque encuentra en ella algo que ha vivido o puede llegar a enfrentar. Como en el caso del padre de Elio, quien, en un principio, parece ignorar toda la situación, pero que es consciente de todo el drama por el que atraviesa su hijo, de tal manera que lo apoya sin cuestionamientos, hasta culminar con un monólogo enternecedor, capaz de llevar al llanto al más fuerte.

Llámame por tu nombre es para ver sin prejuicios, sin afanes; ella se toma su tiempo para plantear los conflictos, para que las emociones se manifiesten, para crear personajes tridimensionales y, por supuesto, para exaltar al amor, un amor que se percibe perfecto, pero que es solo una ilusión, porque, como todo en la vida, hasta el más bello de los veranos también termina.

7 de mayo de 2019

Endgame: la mejor conclusión para la saga



Cuando Avengers Endgame finaliza, uno puede sentirse triste, acongojado, feliz, pero, ante todo, satisfecho. Quienes han seguido las 22 películas de la Saga del Infinito recibirán esta entrega como un gran homenaje de parte de los productores, sentirán que valió la pena aguantar la consolidación del primer universo compartido del cine y comprenderán que los productores de la cinta demostraron el gran cariño que les tienen a los personajes que han seguido en los últimos once años. 

A diferencia de Infinity War, Endgame no es una película sobre Thanos (el villano), es una cinta acerca de los seis héroes principales; tampoco es una propuesta de acción como lo fue su predecesora, es una aventura que se toma su tiempo para resolver las historias de los protagonistas, para ir ratificando sus motivaciones internas y esa fuerza que los impulsa a tratar de salvar la humanidad, en un mundo sumido en la tristeza, debido a la desaparición de la mitad de la población.

Cada guiño, cada diálogo fueron incluidos para aportar al desarrollo de la historia, y en la medida que avanza la trama, el ritmo se va acelerando hasta llegar a una conclusión épica, donde la gran pantalla se queda chica para disfrutar de una batalla final, no solo por la posibilidad de ver a tantos héroes combatiendo, sino por la solemnidad de cada acontecimiento, capaz de conmover hasta llevar al llanto.

Buenas actuaciones, quizás las interpretaciones mejor logradas de todas las 22 películas; un guion que cierra correctamente los arcos dramáticos de cada personaje, una dirección impecable, con planos secuencias apabullantes, y excelentes efectos especiales son valores insuficientes para afirmar que estamos ante la mejor película de la historia, ni siquiera lo es en su género, y está muy lejos de conseguirlo.

Endgame tiene vacíos e incoherencias monumentales en las mismas reglas que plantea, además de algunas secuencias fastidiosas que siempre vienen incluidas en el tono humorístico que caracteriza a la casa productora. Pero para qué exigirle de más a una cinta donde hay hombres con habilidades extraordinarias debido a la mordedura de una araña radioactiva, es mejor no pensar en ello y pasarlo por alto, porque al final de cuentas es una experiencia magnífica que, quizás, jamás volverá a repetirse.