13 de noviembre de 2018

Bohemian Rhapsody el show debe continuar


Puede que no esté apegada fielmente a la realidad, puede que haya omitido la faceta más desenfrenada de la vida de su personaje principal, puede que el director haya apelado a una fórmula narrativa convencional, puede que se hayan dejado pasar muchos hechos históricos, y es posible que se sienta un poco acelerada; pero, sin duda, Bohemian Rhapsody es una película encantadora, emocionante, que cualquiera, fanático o no de Queen, disfrutará.

En 135 minutos, el director Bryan Singer resume un tramo de la vida de la gran banda de rock británica Queen, desde su creación en los años 70’, pasando por cómo se concibieron sus más grandes éxitos, hasta la participación en el concierto Live AID, en el estadio de Wembley, en 1985.

La historia es abordada desde el punto de vista de Freddie Mercury, en la clásica estructura del viaje del héroe: un personaje que gracias a un don inigualable se embarca en una travesía en busca de la gloria. En cuanto la alcanza, por inmadurez, se deja arrastrar a los excesos de la fama hasta el abandono de la soledad, sin embargo, luego se redime al reencontrarse con su familia y amigos.

El mayor acierto de la película es la excelente selección de personajes, especialmente Rami Malek como Mercury, quien captó toda la esencia de Freddie: tremendamente vulnerable en los momentos de soledad, y con actitud, estilo y presencia durante los conciertos. Él es quien lleva todo el peso dramático, como  sucede en su emotiva relación sentimental con Mary, interpretada por Lucy Boynton, a quien en un momento debe revelarle su bisexualidad, a pesar de considerarla el amor de su vida.

Si bien Rami Malek no canta, porque entre otras cosas sería casi imposible encontrar un buen actor con la voz siquiera parecida a la de Mercury, sí tomó clases de piano, y su caracterización fue bastante acertada. Igual sucede con los demás integrantes de la banda, que parecen traídos desde los 80’ para participar en la película. Gwilym Lee como el guitarrista Brian May; Ben Hardy como el baterista Roger Taylor, y Joe Mazzello como el bajista John Deacon. Todos excepcionales, aunque, su rol se limite a ser solo acompañantes en el viaje de Freddie.

Por supuesto, en la película de una banda mítica del rock hay que referirse a la música. Ese es uno de los aspectos más interesantes, especialmente al ver el origen de Bohemian Rhapsody, un tema que, en su momento, se salió de todos los esquemas y fue rechazado por las disqueras debido a su extensa duración, y que gracias a la convicción de la banda se posicionó como una de las mejores canciones en la historia de la música en todos sus géneros.

Quizás el filme pase muy ligero por otros éxitos como Love of my life, We will rock You, Another one bites the dust o I want to break free. No obstante, resulta gratificante ver cómo nacieron y escucharlos como si fuera la primera vez.

Los productores de esta película, entre los que se encuentran exmiembros de la banda, comprendieron que Freddie Mercury no debe ser recordado por su lado oscuro, sino por su música, la que siempre emocionará, sin importar el paso de los años. Es por ello que el final llega a un punto donde la reacción del público es levantarse, aplaudir y llorar, como si se hubiera acabado un concierto inolvidable.

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