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Cuando el realismo mágico se toma la pantalla




Para evitar el desalojo injusto de la pensión en la que habita, un grupo de inquilinos se une en una misión quijotesca: irse, abandonar el predio, aceptar el desahucio pero con la casa a cuestas.

Siguiendo el ejemplo del caracol, demostrarán que, aunque muchas veces las batallas están perdidas de ante mano, lo más importante es dar la pelea para mantener con vida lo más sublime del espíritu humano: la dignidad.

Catalogada como una de las mejores películas colombianas de todos los tiempos, La Estrategia del Caracol es una historia entrañable, que atrapa, gracias a un guión construido con la destreza de un artesano, pues no deja vacíos en su concepción, tanto así, que los detalles reflejan aquello que hizo inmortal a la literatura del nieto del coronel de Aracataca: el realismo mágico.

La cinta, que fue rodada en 1993, está impregnada de eso, de la fabulosa realidad colombiana. Un niño, que intuyendo su muerte, se la pasa conversando solo, alejado de los demás, sin jugar, hablando tal vez con la sombra de la parca. La virgen que se aparece en el momento más indicado para motivar la decisión de una vieja matrona y un tesoro que es hallado en el momento en el que la quijotesca empresa va a pique por la escasez de recursos.

Para destacar las actuaciones, sería muy injusto dejar por fuera a algunos de los excelentes actores que participan de una puesta en escena magnifica, pero Frank Ramírez y Delfina Guido, ante todo esta última, se quedan con gran parte de los elogios.

La Estrategia del Caracol es por mucho, un clásico de la cinematografía latinoamericana que vale la pena repetirse cuantas veces sea posible.

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