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El hilo fantasma


La moda nace a la hora del desayuno, en la casa Woodcock. Entre panecillos, café y mermelada, Reynolds, su diseñador, bosqueja sus próximas piezas, que engalanarán a las más importantes mujeres de la alta sociedad inglesa, de los años 50. 

Ninguna interrupción es válida, ni siquiera las palabras de amor, el crujir de las tostadas entre los dientes de sus acompañantes o las gotas que salpican desde la tetera, por lo que este es todo un ritual de precisión para el artista, pero uno de frustración para Alma, la mujer fascinada con la magia del hombre que la conquistó haciéndole un traje a la medida, en lugar de desvestirla.

El hilo fantasma, película escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, cose dos mundos, el del glamour y el de la espontaneidad, en una historia romántica llena de condiciones y de esmero.

Con total elegancia, la cinta presenta la vida de Reynolds, su protagonista, y su entorno. Él es un hombre minucioso, rutinario y perfeccionista, pero también encantador; dueño de miradas y palabras que pueden hacer sonrojar a cualquiera de sus clientas. 

Su esencia se respira en todo el metraje, con el orden y exactitud de la llegada de sus costureras, las pocas palabras y condescendencia de Cyrill, su socia y hermana, y las ostentosas presentaciones de su obra, que permiten identificar cómo fueron los desfiles de moda, hace más de 60 años. 

Daniel Day Lewis nuevamente ocupa el rol principal en una película del director estadounidense y, para ser leal a la costumbre, lo hace de forma majestuosa, mostrando los múltiples perfiles de este hombre, sin que ninguno parezca impuesto, ya que todos encajan en un personaje redondo, duro, pero atractivo. Esto también confirma el talento de Anderson para construir personajes masculinos profundos y complejos, que podrían catalogarse como el eje central de su filmografía. 

Por su parte, Vicky Krieps encarna a Alma, la mesera que llega a adornar la vida del modisto, como un botón brillante que es unido a la solapa de un traje. Con su inocencia y capacidad para nunca sentirse inferior, la joven lo atrapa, a pesar de que se le dificulta adaptarse a las reglas milimétricas del artista, en las que no tienen cabida la improvisación y la naturalidad del enamoramiento. 

Allí es donde el guion amarra su nudo. Así como el personaje de Krieps nunca se muestra sumiso, a pesar de venir de otro mundo, Reynolds tampoco permite que su poder reciba un golpe de Estado. 

Con ese argumento, el director retrata los acuerdos que permite la vulnerabilidad, las manías estrictas de un genio y toda la pericia que requiere la moda. La fotografía, que también estuvo a su cargo, tiene una estética emocionalmente penetrante, pues alterna la iluminación en escenas que están enlazadas, debido a la narración en flashforward, que le otorga un subtexto de nostalgia. Cada plano luce cuidadosamente diseñado y ejecutado, por lo que este filme es una experiencia visual muy placentera.

Como un buen ejemplo de cine de autor, la visión del P.T. Anderson se vive en todos los trazos de la cinta; incluso se podría pensar que el protagonista es una representación de él mismo, y que esta sea una de sus películas más personales, pero contada desde la rigurosidad de otra profesión.  

En la época en que las historias que reflejan la realidad de las minorías están en auge, es probable que El hilo fantasma no se ajuste a los gustos masivos y que sea percibida como poco innovadora. No obstante, es una gran exploración a la psiquis de dos artistas, su director y su personaje central, y un ejemplo extraordinario del arte que vive en el cine contemporáneo.  

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