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Nace una estrella: no hay felicidad completa



Cuando algunas estrellas mueren, colapsan sobre su propia gravedad y se transforman en supernovas, las explosiones más hermosas y brillantes de toda la galaxia. La vida, en ocasiones, es así, para que nazca algo bello es necesario que otro se sacrifique.  

Nace una estrella es el cuarta la versión de una cinta clásica de Hollywood, del año 1937, en la que un artista famoso descubre a un nuevo talento, gracias al cual recobra un poco el sentido de la vida y decide abrirle las puertas al mundo del espectáculo, sin sospechar que en ese resquicio de esperanza, la felicidad suele ser bastante frágil.

En esta nueva cinta, la historia nos remite al mundo de la música. Jackson, interpretado por Bradley Cooper, es un exitoso cantante de rock country, que atrapado por la fama ha naufragado en el alcohol, nada tiene sentido en su existencia hasta que, por casualidad, se encuentra con Ally (Lady Gaga), una mesera de un talento insospechado, a quien Jackson decide apoyar para que pueda ingresar y triunfar en la industria.

Gracias a este encuentro Ally comprende que más allá de su increíble capacidad vocal tiene mucho que compartir con el mundo y, pese a las banales exigencias del medio, empieza a ascender y a generar su propio destello desde lo más alto. Sin embargo, él, abrumado por un presente difuso y un pasado doloroso, tocará fondo con el peso de sus adicciones.

A star is born, como se conoce originalmente, es una cinta encantadora que se perfila como una de las nominadas en la futura temporada de premios, ya sea por su música: un repertorio de bellas canciones originales interpretadas magistralmente por Gaga, una de las voces femeninas más hermosas de la actualidad, que además demuestra que sabe actuar; o bien sea por la más que destacada actuación de Cooper, que sin llegar al cliché conmueve con el colapso interno de su personaje, pero, por si fuera poco, demuestra que también sabe cantar.

En su faceta de director, Cooper hace un trabajo sencillo, justo, sin mayores ambiciones, el toque acertado para la historia. Destacan, ante todo, la fotografía, los colores y la ubicación de la cámara en los conciertos, lo cual hace que se sienta la tensión de subirse a una tarima con un público emocionado por la música.

En su ópera prima, tal vez, el pecado de Cooper sea el manejo del tiempo interno de los personajes, en la primera parte todo transcurre en la medida adecuada, con las elipsis justas, pero en la segunda se percibe un afán por avanzar, aunque al final la duración resulte excesiva, hay escenas que no aportan al desarrollo de la trama.

Que quede claro Nace una estrella no es un musical, pero en una sala de cine será una gran experiencia sensorial por su grandiosa banda sonora. En cambio, sí es una muy buena versión del clásico de Hollywood, dos personas enamoradas, salvándose a su manera de la soledad de la fama, del sinsentido, del dolor y que, después de haberlo intentado, se percatan de que el amor lo puede todo, aunque la felicidad nunca sea completa.




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