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El recuerdo consciente



Cleo despierta a los niños con cantos, juegos y palabras dulces. Les da el desayuno, los despide en la puerta y los busca en el colegio. Lava la ropa, los platos, el piso. Recoge el desorden, obedece, soporta gritos y regaños. Con la familia para la que trabaja, ha aprendido a ser sumisa, pero feliz, y aunque la mayoría de veces parece invisible, es una de las partes indispensables de ese hogar que se derrumba.

Como un paseo por su memoria, Alfonso Cuarón presenta Roma, la película que consagra su carrera, y que revela las intimidades de una joven dedicada al servicio doméstico de una familia acomodada, en la Ciudad de México, en la década del 70.

Desde sus imágenes que se adentran en la cotidianidad de los oficios caseros, como el agua corriendo por los pisos de baldosa que están siendo lavados, la ropa extendida en las cuerdas de una terraza, los delantales y las escobas, la cinta lleva a su espectador por un nostálgico viaje en el tiempo, a los momentos en que presenciaba a madres y mujeres trabajando en pro de la limpieza.

Esto se combina con el encanto de su protagonista, que luce feliz, que tiene una vida más allá de lo que pueden ver sus patrones, y en el que se hace evidente la emoción de ser joven, de enamorarse y de descubrir, por lo que la película nunca se siente triste o pesada, sino que apasiona y genera una expectativa similar a la que se ve en los ojos de Cleo, interpretada de forma magistral por la actriz Yalitza Aparicio, quien ya ha sido reconocida por los Hollywood Film Awards.

Dichas escenas, que en su mayoría son exteriores, permiten también reconocer la belleza arquitectónica y cultural del Distrito Federal de la época, entre ellos sus lugares más representativos, como el teatro Metropolitan o el Centro Médico las Américas, lo que genera un sensación de estar recorriendo un álbum de fotos históricas en blanco y negro.

Lo mismo sucede en todas las locaciones, pues pareciera que Cuarón se propuso a narrar desde los espacios; todo el tiempo contextualiza, presenta los alrededores por los que transitan sus personajes, hace énfasis para que los espectadores vean más allá, sepan dónde están y se sientan parte de la escena.

Además, se nota que cada uno de sus encuadres fue rigurosamente planeado, ya que entregan perspectivas diferentes a las convencionales, con una luz que encaja perfectamente en todas las secuencias, y que termina dando como resultado un conjunto selecto de postales. Aquí hay que resaltar que el director también se encargó de la cinematografía.

En el caso del guion, el contexto histórico tiene relevancia en algunos hechos y elementos que se presentan, así como la carrera del director mexicano, a la que se le hicieron varios guiños, como es el caso de una película espacial, que podría estar muy ligada a Gravity, la cual le dio el Oscar a Mejor Director, en 2014.

Todos estos apartes técnicos sumados a las magníficas actuaciones del reparto, como Marina de Tavira, que interpreta a la señora de la casa que vive una crisis matrimonial, o Jorge Antonio Guerrero, que encarna a Fermín, el novio de Cleo, hacen de Roma un poema que transporta y que merece el reconocimiento que le han dado la crítica y los medios de comunicación. 

De igual manera, es una hazaña que esté disponible desde su estreno en la plataforma Netflix, ofreciendo al público la oportunidad de disfrutarla y de confrontarse con esos recuerdos de la niñez que, después de madurar en la memoria, adquieren un valor revelador.




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