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Brooklyn



Ellis es una joven irlandesa que se halla en la intersección de dos caminos, en la década del 50, en Enniscorthy, su pueblo natal. El primero le marca una ruta de su futuro, en el que se queda en casa, con su madre y su hermana, y trabaja ocasionalmente en una tienda de abarrotes local. 

El otro camino se dibuja largo y desconocido, solo sabe que esa vía la conduce a Brooklyn, Nueva York, ciudad en la que nunca ha estado y que la aleja completamente de su cotidianidad y estilo de vida.

Esta situación es el eje central de Brooklyn, la cinta dirigida por John Crowley, que presenta la perspectiva de los inmigrantes europeos en Norteamérica, que en la mitad del siglo XX salían de sus países, sin tener la certeza de que cruzarían el océano, alguna vez, para volver a casa.

Saorise Ronan es la actriz que con su mirada revela el desconsuelo de quien aún no se acostumbra a estar lejos, para poco a poco transformarse en una mujer independiente, que se deja tentar por el amor y se ve retada por el compromiso. 

Su personaje es el eje central de la película, sin demeritar a sus compañeros de elenco que logran darle un toque cómico y dinámico a los apartes de la historia que así lo requieren. Dicha característica es la que le otorga tanta fluidez al guión, que presenta de manera precisa los desafíos de la madurez.

La fotografía y la ambientación cumplen el objetivo de llevar al espectador hasta esa época e incluso se convierten en elementos esenciales de la narración, ya que logran conectarse con la etapa de la historia que se aborda y con los sentimientos que afrontan los personajes. 

Brooklyn es otra de esas piezas que corta simple, sin ocultar belleza, y que permite explorar dos opciones de futuro de una misma persona. Ofrece el chance de suponer y evaluar, de sembrar dudas y emocionar, pues la dirección supo dejar las decisiones definitivas para el final, hecho que le suma encantos. 

De esta manera, el acto de iniciar la independencia, en un contexto histórico importante, componen una película sensitiva y humana, adornada por una cinematografía preciosa y estructurada por una actuación que simboliza el primer gran paso de una prometedora carrera.

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