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Un recuerdo arruinado


Puede que Día de la Independencia –la uno, la original de 1996- no haya sido una película que revaluara los paradigmas del cine o que planteara, por medio de su historia, nuevas perspectivas de la existencia del ser humano. No, todo lo contrario, es una película simple, que muchos críticos calificaron como una “exacerbación del patrioterismo estadounidense”, sin embargo, la cinta cumplía con su cometido de entretener, acudiendo a una premisa sencilla: hay una invasión extraterrestre y la raza humana debe luchar unida para no ser exterminada.

De allí se desprendían una serie de personajes carismáticos, graciosos, que transmitían el afán por sobrevivir y combatir, pero, al mismo tiempo, eran divertidos. Un elenco, encabezado por Will Smith, Jeff Goldblum y Bill Pullman, que hacía que el público se identificara con el conflicto, y, a pesar de mostrar muchos ángulos de la historia, cada subtrama fluía sin problemas y todos los personajes secundarios, en mayor o menor medida, aportaba para resolver la situación.

Aunque no estaba hecha para ganar un Óscar a Mejor Película, muchas de las personas que acudieron a los teatros en 1996 salieron felices, satisfechas; por el buen ritmo, por los buenos efectos especiales y porque resultaba efectista, al tocar fibras de esperanza respecto a la construcción de un mejor mañana del planeta Tierra, ya que la especie humana se había podido levantar de la cenizas y evitar su extinción. 

Esa afinidad del público con la película fue ratificada en cifras. Con más de 817 millones de dólares recaudados, Día de la Independencia fue la película más taquillera de la historia hasta que llegó Titanic, en 1997.

Dos décadas después, el mismo director, el alemán Roland Emmerich, presenta esta segunda parte, titulada Contraataque donde una nueva colonia de la misma especie de insectos extraterrestres regresa, esta vez, para tomar venganza robándose el núcleo del planeta. 

Hace mucha falta Will Smith

En esos 20 años, el mundo ha sido reconstruido, el haber derrotado a un enemigo común influyó para la desaparición de los conflictos entre países, la tecnología alienígena ha sido aprovechada para el desarrollo de la humanidad y, teniendo en cuenta que hay amenazas procedentes del espacio exterior, se han diseñado varias estrategias con el fin de prevenir nuevos ataques.

El famoso presidente Whitmore está retirado de la vida pública, el experto en informática Levinson es respetado y trabaja para el gobierno y el capitán Hiller está muerto. Sí, Will Smith no quiso participar en la secuela, dejando un vacío inmenso en los corazones de muchos fanáticos.

La trama transcurre justo cuando el mundo se prepara para festejar las dos décadas de la victoria, una nueva nave nodriza destruye fácilmente las defensas espaciales de la Tierra y tras arrasar con otras grandes ciudades, empieza a excavar para llegar al centro del planeta.

Entonces comienza la devastación, todo lo positivo que tenía la versión de 1996 se pierde. El ritmo es lento y la trama tarda en avanzar, los nuevos personajes encargados de defender el planeta no tienen derecho a tocar los talones de la generación de héroes de la primera película, porque son muy planos y carecen de carisma. Los protagonistas de antaño pierden gracia, porque la parte de la historia que les corresponde es intrascendente o cae en contradicciones y vacíos argumentales muy evidentes.

La película tiene una duración de 129 minutos, gran parte de ellos tediosos, con una cursilería insoportable, con secuencias que provocan más risa que emoción y con efectos especiales de baja calidad. El solo hecho de que la trama transcurra en un 2016 alterno, hace que la historia pierda verosimilitud, porque todo el público sabe que el año no tiene nada que ver con lo que se vive en la realidad, aunque ese es un problema menor. 

El guion es soso y cae en la tentación de revivir un personaje que se creía muerto y mata a otro sin la menor explicación. El conflicto se resuelve con la introducción de una nueva raza extraterrestre, que llega para dar la clave de la victoria. 

Justo cuando el espectador cree que todo ha terminado, que por fin fue vencida la mantis religiosa gigante, reina de la colonia extraterrestre, en medio de secuencias de batallas poco convincentes, se abre la compuerta de una tercera parte, y es ahí donde el público puede comprender que a la película la arruinó el afán de la casa productora por establecer las bases de una nueva entrega; sí, Día de la Independencia Contraataque sufre el mismo mal endémico en el que han caído las películas de Marvel y de DC, con el agravante de ser menos entretenida. Lástima que la emoción generada por esta segunda parte no se parezca a la de 1996.

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