Ir al contenido principal

Saudó



Dos niños huyen del horror que invade una selva del Pacífico colombiano. La muerte está presente en todo el lugar y parece estar dispuesta a ir por ellos.
El recuerdo de esa pesadilla persiste en el diario vivir de Elías, quien pudo salir de esa tierra llena de miedo, y hoy es médico, en la ciudad de Cali, donde vive con su esposa y su hijo Fernando.
Voces femeninas le reclaman haberse ido de su pueblo, y le piden regresar, pero su angustia solo se hace evidente cuando nota que Fernando también puede sentir ese llamado, que lo lleva a dibujar los paisajes de los que huyó su padre, cuando tenía su edad, y marcar su ruta de regreso. Saudó es el nombre de esa tierra escondida y macabra, y de la nueva película colombiana, que cobró vida en las salas de cine de todo el país, esta semana.
Jhonny Hendrix Hinestroza es el director de esta cinta, que revive una leyenda afro de la época de la esclavitud, con una alta dosis de suspenso, que no deja lugar para las distracciones o el aburrimiento.
El contraste entre la realidad y el sueño, la ciudad y la selva, imprime dinamismo y contextualiza a los espectadores con los demonios internos de su protagonista, personificado por el actor Luis Felipe Cortés.
Robin Abonia, que encarna al pequeño Fernando, es una revelación del filme, debido a la manera en que representa cada etapa que afronta su personaje: la rebeldía, el miedo y la lucha por su vida.
Durante su recorrido por las casi dos horas del ‘Laberinto de almas’, varias especies animales se hacen presentes y se transforman en elementos simbólicos de la trama.
Gallinazos, abejas y otros insectos se encargan de revelar que algo no está bien y fortalecen la creencia de que lo místico y la naturaleza van de la mano.
Esos efectos, el maquillaje y la banda sonora son los encargados de crear esa estela de terror sobre la historia, que eriza, sin crear temor, y que invita a explorar este género desde la visión nacional.
Con Saudó, el mito autóctono pasa de generación en generación, para tomarse las pantallas, y nunca más quedarse guardado.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La simplicidad de estar vivos

Por Camila Caicedo La primera vez que me senté frente a Everything Everywhere All That Once o Todo en Todas Partes Al Mismo Tiempo, estaba en un teatro lleno, con algo de tensión por el círculo que me rodeaba, y a pesar de llamarme la atención desde el cartel y la actriz que veía en él, la película (y la situación fuera de la pantalla) me fue saturando tanto que salí algo mareada, confusa y con el deseo de volver a casa.  En mi segundo encuentro con la cinta, que ya empezaba a ser reconocida por sus logros en taquilla, en plataformas y por su impacto cultural, sentí mucha expectativa por volverla a ver, tanto que cada salto en los multiversos que presenta me emocionó como si nunca la hubiera visto, me hizo llorar con la manera en que aborda la relación entre madre e hija y me generó una sensación de esperanza total en el futuro cinematográfico, gracias a The Daniels, el dúo de directores jóvenes que unidos habían logrado semejante hazaña.  Sin embargo, para escribir esta reseñ...

Dunkerque

Junio de 1940. La estrategia de la Guerra Relámpago implementada por la Alemania Nazi tiene postrada a casi toda Europa. El pacto de no agresión entre Hitler y Stalin tiene aislada a la Unión Soviética. Estados Unidos aún no entra a la guerra. Inglaterra está al borde de la hora más aciaga de toda su historia. Entre tanto, 400.000 hombres de los ejércitos Aliados, están acorralados en las playas de la ciudad portuaria de Dunkerque, al norte de Francia. La única esperanza es poder escapar por el mar, y reagruparse en la Gran Bretaña, sin embargo, los muelles están deteriorados, el fuerte oleaje amenaza con hundir cualquier embarcación y, desde el cielo, la Luftwaffe (fuerza aérea Nazi) ataca ocasionalmente. Churchill, primer ministro inglés, sabe que salvar a estos hombres es crucial para lograr un contraataque, pero no quiere enviar a la marina, para no dejar indefensa las tierras británicas. Por ello, ordena a los civiles que, con sus pesqueros o yates, crucen el Canal de L...

Los crímenes de los vencedores, la indiferencia de los sobrevivientes

Kobe, Japón, 17 de marzo de 1945. Finales de la Segunda Guerra Mundial. “¡Ataque aéreo! ¡Ataque aéreo!” grita un hombre desesperado, mientras el ulular de una sirena alienta a los habitantes del pueblo a correr hacia el refugio antibombas. Quedan pocos minutos antes de que los aviones B-29 de la fuerza aérea estadounidense destruyan la ciudad. La gente corre camino al bunker, guiada por el tañido insistente de una campana, pero en una de las viviendas, Seita, un muchacho de 14 años, su hermana Setsuko, de 5, y la madre de ambos se han retrasado, por tomarse el tiempo de enterrar las pocas provisiones que les quedan. Para no demorar más la evacuación, Seita le pide a la madre que se adelante, lo que ella acepta no sin antes advertirle a Setsuko que acate todas las órdenes de su hermano. ­—Tengan cuidado, no tarden—, les pide antes de irse. Un par de minutos más tarde, justo al salir de la casa, se escucha un silencio profundo, Seita levanta la mirada y ve a 3 avio...