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La justificación de la maldad



En el año en el que los fanáticos de las películas de superhéroes esperaban el cierre del Universo Cinematográfico de Marvel, una película con diez veces menos presupuesto ratificó que la esencia del cine está en el contar una buena historia, más allá de cualquier consideración técnica o despliegue millonario: el Joker.

Por una rara enfermedad, Arthur Fleck no puede parar de reír, lo que podría considerarse como una gran ventaja para alguien que trabaja como payaso. Sin embargo, su risa no es de alegría es un lamento por una vida donde solo ha primado el dolor y la tragedia. 

Responsable de una madre enferma, sin una figura paterna de referente, atrapado en un trabajo donde nadie lo toma en serio, víctima de la crueldad de los indolentes, Arthur se aferra a la cordura a través del servicio de beneficencia pública donde encuentra alguien que lo escucha y lo medica, mientras en su vida diaria solo sueña con llegar a ser un cómico famoso capaz de hacer feliz a los demás. 

Lamentablemente, “solo hace falta un mal día para sumir al hombre más cuerdo del mundo en la locura”, y Arthur no está cuerdo y no tiene  solo un mal día, sino muchos. Cuando se da cuenta de la traición de su madre, cuando lo despiden de su miserable empleo y la sociedad le niega la ayuda, su modo de vida se derrumba como un castillo de naipes, pero una carta queda boca arriba, el comodín. Es entonces que el payaso de sonrisa macabra desciende a los infiernos, sin que a nadie le importe, pero luego asciende como símbolo, como el rey del crimen en una ciudad que se pudre entre la basura y la corrupción, solo así lo respetan. 

Cimentado en grandes películas de Martin Scorsese (como Taxi driver o El rey de la comedia), el director Todd Phillips logra el mejor trabajo de toda su carrera, una cinta inspirada en el villano más famoso de Batman, que no necesita del murciélago para cautivar a las grandes audiencias. 

Con la maravillosa actuación Joaquin Phoenix la cinta trasciende los esterotipos del subgénero de superhéroes para contar una historia de un sujeto común, tan normal como muchos de los que que, a diario en las ciudades del mundo, están en búsqueda de un poco de atención. 

Una película tan conmovedora, como inquietante, que al terminar de verla, no genera una sola sonrisa, pero sí un profundo silencio. 

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